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10 de agosto de 2016

Charles Lambert (1793-1876)

La minería nacional no sería la misma sin el aporte de Charles Lambert (1793-1876), destacada figura del siglo XIX, considerado padre de la metalurgia chilena, y quien colaboró con el proceso de modernización minera.

Hasta su llegada a Chile, nuestra minería era prácticamente la misma de la Colonia, que aunque diversa era rudimentaria, sólo práctica, de baja extracción y carente de método científico.

A este empresario minero e industrial y emprendedor que se adelantó a su tiempo se le reconoce su gran contribución tecnológica, pues introdujo el horno reverbero en Chile, provocando un cambio significativo en la minería cuprífera.

Crucial diagnóstico

Lambert nació en Strasburgo (Alsacia, Francia). Estudió en la Escuela Politécnica de París en plena época napoleónica, para ser ingeniero de Minas. Llegó a adquirir profundos conocimientos de minería, metalurgia y geología.

En 1817, llegó a Chile y comenzó a recorrer faenas mineras del Norte Chico. Luego, redactó un informe titulado “Noticias generales de los minerales de las provincias de Chile”, que publicó en 1819 en el periódico “El Telégrafo”. Allí, hizo un completo diagnóstico de nuestra actividad minera post independencia, criticando sus deficiencias y proponiendo algunos cambios para mejorar su productividad.

En 1825, Lambert fue nombrado gerente de “Chilean Mining Association”, una de las compañías creadas en Inglaterra para operar en la minería chilena. Luego realiza su trabajo en forma independiente alcanzando gran éxito y fortuna como dueño de la mina Brillador de Coquimbo.

En la práctica, después de observar la forma tradicional de fundir los minerales de cobre que la generalidad de las faenas mineras empleaban desde la época colonial, él pudo advertir que sólo eran fundidos los llamados “cobres de color”, compuestos esencialmente por carbonatos, sulfatos y silicatos de cobre y que correspondían a la “zona oxidada” de los yacimientos, a menudo ubicados en su parte superficial. Cuando las minas llegaban a los llamados “bronces amarillos”, “bronces morados” o “bronces negros” que correspondían a sulfuros de ese metal, las minas se consideraban “broceadas” o “bronceadas” y perdían todo valor económico o comercial.

Lo que sucedía era que los primitivos hornos a leña utilizados para fundir los minerales de cobre no alcanzaban la temperatura suficiente para fundir los sulfuros, arrojando un producto frágil e inutilizable que se llamaba “broza”, y por tal razón los metales de esa especie no tenían valor.

Nueva tecnología

Por lo anterior, introdujo el horno reverbero en 1830, el que dio un vuelco espectacular a la metalurgia del cobre. Los “yacimientos broceados” adquirieron un nuevo valor convirtiendo a Chile en el primer productor y exportador del mundo hacia mediados de ese siglo. Y como si fuera poco, en 1841 él también instaló en La Serena el primer laminador de cobre y latón que hubo en Chile.

De hecho, se cuenta que situó su fundición en el sector de La Compañía, de esa ciudad, y la amuralló con adobes del mismo material sobrante del proceso. También se le atribuye cierta producción de ácido sulfúrico, el lavado de metales de baja ley y la primera máquina a vapor aplicada al laboreo de las minas (él llegó a tener una planta de vapor trabajando dentro de su mina).

Lambert contrató a Ignacio Domeyko en 1837 para desarrollar la enseñanza de la minería como profesor de Física, Química y Mineralogía en el Liceo de Coquimbo.

Recorrió nuestro territorio transformándose en gran conocedor de la minería chilena.

Extracto de investigación de María Celia Baros, Licenciada en Historia.

 

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